Editorial – Oct 2021

Editorial

La industria avícola mundial, ha tenido que afrontar en el último año tal vez uno de los momentos más desafiantes como consecuencia de la pandemia generada por el COVID-19.  El confinamiento prolongado de la población colombiana durante meses, hizo que clientes institucionales como colegios, hoteles y hospitales, y en general todo; disminuyeran dramáticamente la demanda de productos y subproductos, llevándonos a una situación compleja de manejo de inventarios, de mercadeo y financiero.

Esta situación para nuestro caso, hizo que tanto la carne de pollo y el huevo, fuentes de la proteína animal más económica del mercado, tuviesen un comportamiento reactivo a ese cambio en la demanda: Inicialmente se presentó una reducción dramática en el precio del kilo de pollo y a su vez un incremento gradual en el valor del huevo por aumento en la demanda en los hogares.

Las materias primas para balanceados, no fueron ajenas a esta situación: un incremento en el dólar halado por una incertidumbre mundial generalizada, sumado a una retención de las mismas por parte de los países productores buscando garantizar la disponibilidad en sus mercados locales, además de las ventas gigantescas a China; y las producciones disminuidas, hizo que los costos de producción se elevasen en forma severa e incontrolada.  Cientos de empresarios y profesionales especialistas en avicultura de todo el mundo, debieron tomar decisiones bastante drásticas y radicales para garantizar la sostenibilidad del negocio y la viabilidad del mismo en el tiempo.  Resistir fue y continúa siendo la consigna.

Pasaron los meses y cuando asumíamos que estábamos aprendiendo a vivir bajo esta nueva “normalidad”, la cual ya era de por sí complicada y desafiante, nos vemos enfrentados tal vez al peor de los escenarios jamás visto en Colombia: un paro nacional de dimensiones apocalípticas, donde el generalizado y permanente bloqueo de las vías,  se convirtió en uno de los mecanismos de presión para que el gobierno nacional cediera ante múltiples exigencias ciudadanas, afectando a nuestra industria de la peor manera que pudiésemos haber sufrido desde hace muchos años.

Particularmente nuestras empresas avícolas colombianas, que habían logrado subsistir ante el desafío impuesto por la pandemia, se vieron afectadas severamente en sus productividades llegando casi al punto de tener que tomar decisiones tan fuertes como dejar y/o cerrar granjas, incubadoras, puntos de venta, etc. sin la posibilidad de producir y debiendo asumir y manejar los mismos y mayores costos operativos y de producción; esto incremento ostensiblemente los costos y altero cualquier tipo de proyección que se hubiera tenido; lo que seguramente seguirá afectando nuestras productividades por bastante tiempo , empezando por la base; las reproductoras.

Que tristeza saber que el esfuerzo de muchos años se derrumbó sin la posibilidad de detener este espiral de insensatez por parte quienes, irónicamente buscando un mejor futuro, acabaron con miles de empleos, con cientos de emprendimientos y con la esperanza de un sector que ha sido resiliente y luchador a pesar de todo.  Un sector que tanto le ha aportado a la sociedad, a la economía y al país en general.

Es evidente que nos enfrentamos a un problema social anidado en la ausencia de valores y principios.  Granjas saqueadas, camiones con pollo para sacrificio hurtados, pollito recién nacido muriendo en las incubadoras y en las vías, aves muriendo de física hambre y en consecuencia por canibalismo, son imágenes que difícilmente borraremos de nuestra memoria, gracias  a quienes consideran que sus derechos individuales están por encima de los derechos de los demás.

Urge autoridad institucional para garantizar la libre producción y movilización por nuestras vías.  Es aterrador ver cómo nuestros dirigentes en un afán enfermizo por quedar políticamente bien, se abstienen de tomar decisiones apegadas a la ley, garantizando los derechos de todos los colombianos.

Urgen políticas de estado que permitan que nuestra producción sea auto sostenible. Seguimos dependiendo de materias primas importadas, amarradas a un dólar cada vez más costoso, teniendo un país tan rico en suelos y microclimas como el nuestro, donde increíblemente producir comida resulta más caro.

Urgen representantes de nuestro gremio  y del sector pecuario en las esferas políticas y administrativas del estado que conozcan profundamente nuestra industria, nuestras necesidades y nuestras preocupaciones y que hagan valer nuestros derechos. 

Conservo la fe en que estas amargas experiencias que hemos tenido que soportar, nos harán más responsables, más fuertes y más determinantes en las decisiones que debamos tomar ante las dificultades que nos presente el destino.

Finalmente, quiero extender un saludo y abrazo de agradecimiento a ustedes profesionales del campo, infinitas gracias por afrontar día a día las enormes dificultades a las cuales se vieron y se siguen viendo enfrentados y aun así sacar adelante de la mejor manera las productividades de sus empresas; somos orgullosos de pertenecer a la primera línea de reacción y acción frente a actos que definitivamente nada tienen que ver con nuestra noble y adorada profesión. Son ustedes los autores materiales que facilitan y permiten que nuestros empresarios tengan la fe y la esperanza de seguir adelante.

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